La Fulana
- 15 oct 2025
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Sé que haces parte de mí hasta dejarme sin ganas de seguirlo intentando, de seguir construyendo, de saber que existe un mañana mejor. Te has pegado a mis fibras como tratando de retenerte en situaciones de las que ya no puedo más.
Estoy cansada. Me he quedado sin ganas. Con la batería en el punto de inflexión tan bajo, que ni el mejor mecánico podría arreglarla o hacer algo por ella.
He llorado, muchas veces. Me siento y pienso en ¿qué tanto me falta por vivir?¿sufrir? o ¿llegar a experimentar?
A veces tengo la energía a mil, como si estuviera poseída por la fuerza de la luna, lista para todo lo que se venga. Pero, hay otras en las que ¡Dios! al mínimo síntoma de una falla, te siento respirando en la nuca, diciéndome que nunca te iras de mi.
No encuentro las cartas correctas que me digan porque me siento así, no lo sé con seguridad. Quisiera entenderlo o tener el valor suficiente para decirlo en voz alta. Pero, en este preciso momento, no puedo.
Así que lo haré en voz baja, como un susurro donde no puedan atraparme.
Este sentimiento me acompaña desde que he hecho de todo para conseguir lo que quiero y no lo encuentro. Se apodera de mí, queriendo controlarme. He orado. Confiando en que existe un ser superior que me escucha cada vez que lo necesito. He encontrado respuestas de porque esto no ocurrió antes, encuentro situaciones que alimentan otras partes de mí como si el mundo entienda que estoy buscando mi lugar.
He empapelado las plataformas, sobre todo lo que puedo hacer. Lo que sé que hago bien, en lo que tengo la convicción de aprender y mejorar, para ser vista, para ser elegida. Pero a duras penas encuentro el sentido de la vista en todo este proceso.
No he sido la elegida. No hasta este momento.
No he sido seleccionada, he estado en el lugar de aspirante.
Este proceso se ha convertido en una competencia ardua entre el yo, lo que espero de mí, mis metas, aspiraciones y la otra persona. Trato constantemente de no sentirme miserable de lo que no entiendo.
Me cansé.
En este momento, mi silencio ha sido el mejor aliado, la luna de octubre mi mejor consejera y las luces de la pantalla en mi terapia más dura. Me rehúso a nombrarte para no darte el poder de doblegarme, de llevarte lo que me ha costado reconocer en este recorrido y las victorias que he alcanzado.
He pasado noches mirando al cielo, pensando en ¿hasta cuándo?¿hasta cuándo me quieres retener?¿hasta cuando quieres que sufra por tí?¿hasta cuando mis lágrimas alimentarán tu ser? Perdí mi orgullo, lo reconozco. Ya no me interesa si me ganas o te vas.
Hago lo que hago buscando en retirarme, en mi el bienestar que brota en mí cuando sales por la puerta. Me cansé de pelear ante tus ideas, ante tus actos de menosprecio cuando me dices que no puedo.
Porque lo intento, todos los días. Intento conseguir algo estable, sano, recíproco. En un lugar donde soy vista, donde soy elegida. Dónde esos espacios con meritorios, por las reflexiones y pensamientos que me permiten reconocerme como buena.
Como amada en mi campo y reconocida en el proposito de lo que hago, para seguirlo intentado. Para transitar un camino que cada vez se torna más dificil y que en medio de toda esta inestabilidad me
permita seguir creyendo.
Creo que ésto va a pasar.
Creo que siempre lo voy a poder intentar.
Creo en mis términos y condiciones.
Creo en mí porque dejé de confiar en tí.
-Adri

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